Strong By Form

Strong By Form generó una alternativa a materiales estructurales altamente contaminantes como el hormigón, el aluminio o el acero, a partir de restituir a la madera de ingeniería, la inteligencia que tiene la madera natural en forma de árbol. Así, su tecnología Woodflow genera biocompuestos ultraligeros de alto rendimiento a base de madera capaces de reemplazar al acero y al hormigón en una fracción de su peso.

La idea nació en Suiza con uno de los fundadores, Jorge Christie, trabajando con fibra de carbono y tratando de generar la estructura más liviana que resistiera a cierta carga. Se imaginó que podía hacer lo mismo con fibras naturales. Le contó a Daniel Ortiz, con experiencia en fabricación digital de madera en particular, y cuando se dieron cuenta que era posible inventar esta madera tridimensional y era posible utilizar robótica para alinear fibra, llamaron a Andrés Mitnik (CEO) para transformar la tecnología en negocio. “Nos conocimos en la universidad, me molestaban con que yo estudiaba ingeniería en arquitectura”, relata el CEO. “Al final del día esto nace porque nos dimos cuenta que utilizar fibras naturales es una forma de descarbonizar el mundo construido. Y la madera está disponible en todo el mundo”, agrega.

Strong By Form es un nombre que describe exactamente lo que hacen, dice. “Nosotros, a través de la forma, aumentamos la rigidez sin aumentar el peso. Entonces así logramos generar componentes que son muy resistentes, pero muy livianos”. Woodflow, en tanto, responde a que, en el fondo es madera 3D, “por lo tanto es como que fuera una madera que está fluyendo”, explica el emprendedor, que junto a sus socios ganaron la primera edición del Premio “El Mercurio” a la Startup del Año, en 2020.
En el último año, lograron el prototipo de su losa estructural, que es más liviana, más verde, pero al mismo precio que el hormigón. También ganaron el premio al material compuesto más sustentable en una feria en París, que se llama JEC World, que es la feria más importante de materiales compuestos en el mundo. Y lo tercero fue que inauguraron su primer proyecto en los trenes, que fue un techo que le hicieron a los trenes holandeses.

“Nosotros ahora nos estamos focalizando en construcción, en losas estructurales para edificios de altura en construcción. Lo que no quiere decir que la tecnología tenga muchas más posibilidades, pero hoy día el foco es reemplazar hormigón en edificios de 10 pisos hacia arriba, por un material que es madera y que es mucho más liviano y mucho más verde”, asegura Mitink. “Si bien estamos focalizados en construcción, tenemos una agenda importante en trenes. Y también estamos trabajando en eso, pero es secundario en este momento”, aclara. En Chile, por ejemplo, usaron su material para la remodelación del edificio corporativo de CMPC. “El lobby de ese edificio está revestido con nuestro material”, cuenta.
Uno de sus principales desafíos ha sido financiar un proyecto como este. “Es un proyecto que combina software, pero que tiene un componente de hardware muy importante. Nosotros hacemos cosas y el mundo del venture capital está acostumbrado a proyectos que logran escalar muy rápido. Y el mundo de las cosas físicas no escala tan rápido como el software”, manifiesta Mitnik. “Entonces, lograr aplicar la lógica para financiar empresas de software, para una empresa que hace software y hardware, ha sido súper difícil, pero lo hemos logrado. Y por el otro lado, lo que ha sido más difícil es, por el lado más técnico, mantenerse optimista cada vez que sale una prueba y ha fallado. Y estar convencido de que la tecnología sí funciona”, asegura.

En un par de semanas más estiman abrir una nueva ronda de financiamiento, donde van a salir a buscar 15 millones de euros. “Lo que queremos hacer es ojalá cerrar esa ronda hacia finales de año y, al mismo tiempo, probar el primer prototipo de losas estructurales de 10 metros de largo que debería estar listo a finales de octubre”, cuenta. A su vez, van a participar de la competencia de startups de TechCrunch, a fines de mes.