SimpliRoute

En 2015 nació SimpliRoute, motivada por un problema cotidiano llevado al mundo académico. Álvaro Echeverría, ingeniero industrial formado en Beauchef y con un magíster en gestión de operaciones, recuerda el proyecto que inició todo: la generación de un modelo para reducir los tiempos de llegada del Cuerpo de Bomberos en la Región Metropolitana. El modelo redujo esos tiempos en 40%, lo que, según Echeverría, se traduce en salvar 1.400 vidas al año.

La amistad y complementariedad con Eyal Shats (cofundador y Chief Strategy Officer) orientaron el pivote del “logístico de bombero” al “logístico de empresa”. El primer prototipo fue tan artesanal como eficaz: “Al principio nos mandaban un Excel, y yo tenía dos horas para devolverles el Excel optimizado y les gustó, vieron mucho valor”. Con esa hipótesis de negocio validada, postularon a Start-Up Chile con “clientes hechos a mano, porque era un Excel, un algoritmo, pero no había una plataforma”. Pronto llegaron los primeros clientes y el kickoff para una década de crecimiento.

La expansión a México en 2019 cambió la escala. Echeverría alternó viajes hasta mudarse a Ciudad de México cuando “el 45% de la venta estaba en México”. Luego llegó el punto de inflexión: la pandemia. “SimpliRoute tuvo mucha suerte fue un timing bien interesante. Nosotros construimos por 3 años antes y pudimos tomar esa suerte”, comenta Echeverría.

“Fue una tormenta perfecta”: con tres años en el mercado y un producto maduro, pero aún en etapa de evangelización donde “nadie escuchaba”, con presencia en Chile y México y US$3 millones levantados con un fondo en Miami, “la pandemia fue transformacional”. En solo un año pasaron de 22 a 120 colaboradores y los clientes crecieron de 80 a 1.000, concentrándose en grandes corporativos que necesitaban atender sus canales digitales, triplicando sus ventas, pero sin triplicar sus costos.
La ventaja competitiva de SimpliRoute se ancla en poner inteligencia primeron. “La logística está bien cautiva por prácticas de abuelito, como GPS, herramientas de telemetría, de software bien tradicionales, pero de gestión”, explica Echeverría. El éxito de SimpliRoute “es que la propuesta inicial de nosotros es entregar un software de inteligencia de logística”.

Como ejemplo, Echeverría menciona el comportamiento de los ruteadores clásicos, que existen desde los 90, y que buscan optimizar rutas asumiendo obediencia perfecta de los conductores. Pero la realidad es otra: el camión se topa con ferias, calles cortadas, reversibilidad, almuerzos a horas predecibles, e incluso conductores que, si pueden, prefieren terminar cerca de su casa.

La IA de SimpliRoute incorpora justamente esas conductas. “Ahí es donde viene la parte de inteligencia artificial, yo entiendo lo que pasa, porque tengo millones de entregas”. Solo el año pasado realizaron 320 millones de entregas en Latinoamérica, y con esa data el sistema aprende patrones: a qué hora suelen almorzar los choferes, qué secuencias generan más desvíos, qué zonas producen atrasos, qué fines de ruta son más “aceptables” para cada perfil. Con esa evidencia, el sistema aprende, ajusta rutas en tiempo real y automatiza decisiones que mejoran la experiencia sin disparar costos.

Álvaro Echeverría, que se autodefine orgullosamente como un “ñoño” y no oculta su pasión por la academia, explica que SimpliRoute ha sido “muy intensivo en producto e investigación”, lo que les permitió contar “desde el día cero con un producto que funciona en todo el mundo”. Para comprobar su globalidad, el CEO comparte que algunos de sus clientes son: un repartidor de pinos de Navidad en Islandia y otro en Mozambique que reparte urnas para funerales. Ambos realizan sus rutas de despacho con SimpliRoute.

Hoy la empresa tiene oficinas en Chile, Perú, Colombia, Argentina, Uruguay, México y Brasil; vende en 28 países de Latinoamérica, Europa y partes de Asia, y ya tiene presencia en Estados Unidos.
El exitoso camino también se refleja en el financiamiento: “En total hemos levantado USD$20 millones”, comenta Echeverría, agregando que ahora están levantando una serie B de US$25 o US$30 millones, que se destinará a tres frentes: pasar de monoproducto a multiproducto, reforzar la comercialización e implementación en cuentas corporativas y acelerar la expansión internacional en México, Brasil y Europa, apuntando a consolidarse como la plataforma de logística más grande del mundo.

Echeverría ve dos tendencias que se aceleran. Primero, el regreso de la logística on-demand: los retailers vuelven a pedir entregas inmediatas y SimpliRoute ya está creando nuevos productos para ese uso. Segundo, la irrupción de agentes de IA conversacionales capaces de manejar excepciones e incidencias en tiempo real y escalar. La voz es clave en logística, explica el CEO, porque la operación ocurre en la calle, cuando el conductor no puede tipear mientras trabaja. La interacción vía voz y WhatsApp permite personalizar la experiencia sin perder eficiencia.

SimpliRoute quiere demostrar que la inteligencia importa tanto como la ejecución: no se trata solo de implementar una solución, sino de anticipar y resolver problemas de forma inteligente. Echeverría reivindica el liderazgo de una empresa chilena que ya se está “comiendo” el mercado en Latinoamérica y Europa y que pronto irá por Estados Unidos, y resume su meta emprendedora en una frase: esperan “ser la herramienta más grande y amplia de inteligencia logística completa del mundo desde Chile”.