La Pizka
La Pizka nació en 2017 de una obsesión: lograr que un sour embotellado pudiera tener el mismo sabor y frescura que uno preparado en casa. En una cocina de Recoleta, Diego Taggart y Diego García probaron decenas de recetas hasta dar con una fórmula que combinara tradición, calidad e innovación. “Lo que teníamos que poner a disposición de los chilenos no era solamente una botella, sino un instrumento que creara experiencias únicas y facilitara momentos excepcionales con los mejores cócteles”, recuerda Taggart.
El proceso comienza con la selección del limón sutil, cuyo jugo aporta la acidez justa y un aroma único. Luego, un pisco boutique del Valle del Elqui, elaborado con cuatro cepas de uva pisquera y doble destilación, entrega las notas florales y minerales que distinguen al cóctel. “Fuimos directo al Valle del Elqui en busca de destilerías boutique, y tras meses de trabajo con maestros destiladores y enólogos dimos con un pisco que nos permitió crear el mejor sour embotellado en la historia de Chile”, relata Taggart.
El tercer ingrediente clave no es un insumo, sino un método: la refrigeración por cadena de frío. Al congelar inmediatamente después de la producción y mantener esa condición en toda la logística, La Pizka logra conservar intacta la frescura, el sabor y la textura de un sour hecho al momento, evitando el uso de conservantes o químicos.
Este enfoque innovador le permitió a la marca diferenciarse en un mercado donde predominaban alternativas industrializadas. En 2023, inició una exploración en el mercado estadounidense, donde descubrió un espacio inexplorado: cócteles naturales y congelados, listos para consumir con calidad premium. “Queremos que el sabor de un sour chileno de excelencia sea reconocido como el sabor de La Pizka, y que ese modelo pueda replicarse en el extranjero”, afirma Taggart.