Comunidad Feliz
“Yo soy de Osorno y la cuenta más cara que tenía que pagar en la universidad era el gasto común. Yo tenía que mantener mi presupuesto y era complicado tener que estar pagando de repente 100 mil pesos, de repente 150, de repente 80. No tenía muy claro en qué se gastaba, ni entendía cómo funcionaba este mundo”, recuerda David Peña, cofundador y CRO de Comunidad Feliz.
Esa molestia tan doméstica motivó a David Peña, Antti Kulppi y Pablo Exss a fundar Comunidad Feliz.
En 2016, los socios y egresados de Ingeniería Industrial y Computación de la Pontificia Universidad Católica desarrollaron una plataforma para que los administradores de edificios y las comunidades puedan administrar sus recursos, transparentando ingresos y egresos, estandarizando procesos y habilitando el pago en línea del gasto común.
Un problema que Peña define como “poco sexy, pero con un mercado gigantesco”. Según detalla: “Una comunidad en promedio tiene como $30 millones mensuales en gasto. En este nicho son 50 mil condominios en Chile. Son como US$10 mil millones anuales que se mueven en este mercado, y es muy raro porque es más grande que el de autos, que el mercado del gas o que muchos mercados y nadie se ha preocupado que este tema este ordenado”, puntualiza.
El producto evolucionó al ritmo de las necesidades de las comunidades modernas: tras la primera capa de transparencia financiera llegaron funciones de recaudación digital y, luego, negocios adyacentes como una corredora de seguros que respondía a una obligación de las comunidades, pero que no se estaba manejando de forma transparente.
Hoy, en Chile, la plataforma suma 1,5 millones de usuarios activos y opera en alrededor de 6.000 condominios de los 50.000 que existen, por lo que desde Comunidad Feliz aseguran que hay un gran espacio para crecer. “Somos de las top 3 plataformas utilizadas por chilenos en Chile dentro de la categoría de utilities”, agrega. La expansión geográfica marca un hito en la historia de Comunidad Feliz: en 2020 abrieron México, donde “estamos con alrededor de 100.000 propiedades, en 1.000 condominios y edificios”; además, este año sumaron Colombia y ya operan en otros ocho países, incluyendo Estados Unidos, donde trabajan bajo la marca Happy HOA.
Orgulloso del recorrido, Peña comenta que “hemos pasado por todos los niveles de financiamiento”, logrando levantar cerca de US$3 millones; hoy están valorados en más de US$100 millones, puntualiza. Ahora, Comunidad Feliz afina una agenda de crecimiento y productos. “Estamos en un proceso de un levantamiento de capital importante, probablemente lo vamos a cerrar durante el cuarto trimestre”, adelanta. La meta es ambiciosa: “Hoy estamos en poco más de US$ 11 millones en facturación anual recurrente… y con la próxima ronda queremos llegar a US$ 100 millones”. Eso implica consolidar más del 50% del mercado en Chile, México y Colombia; ganar relevancia en EE. UU., y madurar líneas nuevas como seguros y servicios financieros.
Proyectando ese contexto, Peña comparte una apuesta audaz: “Queremos, ojalá en algún momento, hacer algo parecido a lo que podría ser un Banco Feliz: el Banco de las Comunidades”. Inspirados en las HOA estadounidenses (que tienen acceso a cuentas, tarjetas de créditos y préstamos), buscan resolver brechas estructurales en Latinoamérica, donde, por ejemplo, las comunidades no pueden tener cuenta bancaria, obligando a los residentes a disponibilizar sus recursos para la administración, lo que genera problemas.
Para Peña, la visión “mitad broma, mitad hoja de ruta” condensa el espíritu del proyecto: “Me gustaría que, cuando Elon Musk llegue a Marte, la colonia de humanos sea administrada por Comunidad Feliz”.