Buda

En 2014, cuando bitcóin solo generaba desconfianza, los fundadores de Buda vieron otra cosa: una tecnología que, por primera vez, “creaba escasez en Internet. Hasta el nacimiento de Bitcoin, de blockchain, no había ninguna forma de crear algo que fuera escaso y que no fuera replicable (…) siempre se podía hacer copy-paste a los archivos. Entonces, el dinero digital solamente podía existir en servidores muy resguardados, en bancos centrales o bancos privados. Pero no podía existir un dinero que fuera público, y eso fue lo que se creó”, comenta Guillermo Torrealba, CFO de Buda.

Motivados por esta tecnología y con el apoyo de Corfo, Jaime Bunzli (CEO), Guillermo Torrealba (CFO), Ignacio Baixas (CTO) y Juan Ignacio Donoso (SRE) fundaron Buda en 2015, decididos a reparar una asimetría que experimentaban al mover dinero de forma global. “Podemos mandar gente a la luna, podemos tener videollamadas con alguien que está en el desierto del Sahara, pero no podemos mandar un dólar a alguien que está en Portugal. Esa simetría era muy rara, y ahí dijimos tiene que haber algo mejor”, recuerda Jaime Bunzli.

Buda permite a personas y empresas comprar, vender, custodiar y transferir activos digitales como bitcóin y stablecoins. Para el usuario, eso significa convertir pesos a cripto y mover valor en minutos; para una empresa, cobrar y pagar internacionalmente con mucha menos fricción que la banca tradicional.
Sobre la usabilidad, Bunzli destaca una innovación que Buda desarrolló para dar “un uso real actual a bitcóin”: los créditos con bitcóin como garantía. A diferencia de los bancos, que requieren un proceso largo y costoso de evaluación de riesgos, Buda permite al cliente usar su bitcoin como garantía, un activo con valorización en el tiempo y completamente movible, porque “te lo paso a ti y ahora tú tienes el control”, detalla. De esta manera, el usuario puede obtener financiamiento de forma automatizada, sin vender su posición, y con desembolso en minutos. “Y en la eventualidad de que no puedas pagar, nosotros automáticamente tomamos la parte que corresponde, lo vendemos y con eso nos damos por pagado”, puntualiza.

Pero los primeros años no fueron fáciles. Según detalla Guillermo Torrealba, “todos los emprendimientos son difíciles, per se, pero en el caso de Buda había varios desafíos que eran extras y atípicos”. El motivo de fondo era claro: “estábamos ofreciendo una alternativa al dinero (…) y eso caía muy mal, y la reacción instintiva de la gente era automáticamente resistencia”.

A esa barrera cultural se sumó un marco regulatorio poco definido y una tensión permanente con la banca, que muchas veces les cerró cuentas y los dejó sin acceso al sistema. “En dos ocasiones en Colombia y una en Chile nos tocó devolver toda la plata de los clientes, y Buda pasó un día de facturar X al día siguiente a facturar cero. Porque no teníamos cómo recibir el dinero de la gente, no teníamos cómo recaudar plata, no teníamos cómo interactuar con el sistema financiero”, explica Torrealba.
Para el CEO de Buda, parte del problema era que muchos “no lo entienden”. En ese contexto, recuerda: “Nosotros nos sentíamos responsables de poder seguir entregando este servicio, que si no lo entregas, la gente lo va a comprar o va a intentar acceder igual, pero con mucho peor seguridad y como en muchas peores condiciones”. Eso motivó una extensa batalla judicial con los bancos. “El tiempo demostró que estamos haciendo algo que no es malo y que el pecado es ser los innovadores que lo trajeron muy tempranamente”, puntualizó.

Con la intención de abrir un país por año, Buda comenzó en Chile en 2015, Colombia en 2016, Perú en 2017 y Argentina en 2018. En ese período vivieron un terremoto de mercado: “El precio llegó a US$ 20.000, muchísima gente se sumó al mundo cripto. Fue una burbuja inmensa, en amplitud y también en valorización”, detalla Torrealba.

La corrección del precio les pegó justo cuando buscaban escalar y los obligó a replantear la estrategia: “Nos dimos cuenta que en esta industria el desafío no es incorporar la empresa en otros países, el desafío es armar una sociedad y tener una estructura, un sistema que se adapte lo suficientemente bien a la regulación local”, añade.

Con esa lección, el foco actual es ejecutar bien donde ya están y subirse a la gran transición que ven en curso: “La transición que está viviendo el mundo financiero de casi no pescar las criptomonedas a volcarse completamente a las stablecoins… Nosotros creemos que en 10 años más, toda la industria financiera va a estar usando stablecoins para el día a día”, explica Guillermo Torrealba.