Nilus
Nilus nació en 2020 con un desafío monumental: proteger glaciares frente al cambio climático y garantizar la seguridad hídrica en zonas de alta montaña. La inspiración vino de las comunidades del Himalaya indio, que almacenaban agua en estado sólido con métodos simples y naturales. “Vimos una imagen del Himalaya, donde comunidades almacenaban agua con solo las fuerzas de la naturaleza, y pensamos que si potenciábamos ese principio ancestral con tecnologías basadas en datos podíamos dejar un mundo mejor para las futuras generaciones”, recuerda Sebastián Goldschmidt, CEO y cofundador.
El sistema de Nilus funciona en tres etapas. Primero, sensores en terreno e imágenes satelitales permiten obtener información en tiempo real sobre el estado y retroceso de los glaciares. Luego, esa información se procesa con modelación geocientífica, lo que permite predecir escenarios de derretimiento. Finalmente, se aplican soluciones de geoingeniería diseñadas para ralentizar el retroceso glaciar y prolongar la disponibilidad de agua en cuencas críticas.
Más allá de la tecnología, Nilus se ha propuesto un rol educativo y comunitario. “Compartir nuestro trabajo con niños y niñas de escuelas en alta montaña ha sido muy especial. Queremos inspirarlos a convertirse en guardianes del planeta, mostrándoles soluciones innovadoras y sostenibles para los desafíos que vienen”, comenta Goldschmidt.
En pocos años, la startup fundada por Goldschmidt y Manuel Soto ha reunido a un equipo interdisciplinario de 12 personas, ha validado su modelo en terreno y sumado sponsors como Copec, Coca-Cola Chile, y Ab InBev. Su meta inmediata es preservar el glaciar El Morado, en la Región Metropolitana, como caso demostrativo que luego pueda escalarse a nivel nacional e internacional.
“Nuestro objetivo es desarrollar tecnologías de preservación de glaciares para escalar a nivel global”, sintetiza Goldschmidt. El plan de Nilus es convertir ese primer piloto en un estándar replicable en cordilleras de América Latina, los Alpes y el Himalaya. La lógica es que cada intervención no solo retrase el retroceso glaciar, sino que garantice seguridad hídrica a millones de personas río abajo. Como subraya Goldschmidt, “cada glaciar preservado significa comunidades más resilientes y ciudades mejor preparadas para enfrentar la crisis climática”.