Global66
En un mundo cada vez más interconectado, donde freelancers, emprendedores y empresas dependen de servicios globales, la industria financiera tradicional se ha quedado atrás. “La industria financiera llevaba más de 50 años sin una disrupción. Estaba diseñada para un mundo local, pero hoy las personas y las empresas son globales, y el sistema no se había adaptado”, comenta Tomás Bercovich, CEO y cofundador de Global66.
La plataforma ofrece a cada usuario una cuenta global que habilita transferencias y pagos internacionales en más de 180 destinos. Desde un mismo perfil es posible tener números de cuenta en Estados Unidos y Europa, mover dinero en nueve monedas distintas —desde dólares y euros hasta pesos mexicanos o reales— y pagar con una tarjeta Mastercard que descuenta automáticamente de la divisa adecuada. “Lo que antes significaba días de espera y altas comisiones, hoy lo resolvemos en minutos”, afirma Bercovich. Actualmente, el 70% de las transferencias realizadas por la fintech se concretan en menos de cinco minutos.
Su alcance no se limita a individuos. En el segmento empresarial, Global66 ha incorporado funcionalidades clave, como cuentas multiusuario que permiten a equipos de distintas áreas gestionar transacciones con roles diferenciados. Además, la compañía integró su sistema a redes locales como PIX en Brasil, habilitando pagos directos mediante QR. “Nuestra cuenta empresa viene creciendo rapidísimo. En mayo ya habíamos transaccionado más volumen que en todo el año pasado”, señala Bercovich.
El crecimiento habla por sí solo: más de 400 mil clientes activos, más de 10.000 empresas registradas y un volumen total transaccionado que supera los 5.000 millones de dólares, de los cuales mil millones se movieron en solo los últimos tres meses. El área B2B ha sido particularmente dinámica, con un alza superior al 250% respecto al año anterior.
Pero quizás lo más significativo no está en los números, sino en el impacto en la industria. Antes de la irrupción de Global66, los envíos de dinero en Latinoamérica costaban en promedio un 8% del monto transferido. Hoy, la fintech cobra en torno al 1,7%. “No solo les ahorramos dinero a nuestros clientes, sino que también hemos forzado a los incumbentes a bajar sus precios”, comenta Bercovich.
La empresa ya opera en seis países y proyecta expandirse a cuatro o cinco más en el corto plazo. En paralelo, tramita una licencia de dinero electrónico en Europa, que le permitirá captar directamente clientes y empresas en el continente, con un foco especial en compañías europeas con vínculos comerciales en Latinoamérica.